INCIDENCIAS

Editores: Claudia Nohemi Carretero Urbano y Oscar Eduardo Aranda Montañez
La actividad física como pilar del envejecimiento saludable
La práctica regular de actividad física constituye uno de los pilares fundamentales para garantizar un envejecimiento saludable y funcional. De acuerdo con Mosqueda Fernández (2021), el ejercicio físico en la tercera edad favorece la preservación de la masa muscular, la movilidad articular y la estabilidad postural, reduciendo significativamente el riesgo de caídas y lesiones.
Además, mejora la capacidad respiratoria y cardiovascular, factores que inciden directamente en la autonomía y calidad de vida de las personas mayores.
En México, donde la población de adultos mayores crece a un ritmo acelerado pasando de 12.1 millones en 2020 a más de 15 millones estimados para 2025 (INEGI, 2024), la promoción del movimiento activo se vuelve una estrategia de salud pública prioritaria.

Incidencias en la salud física
La evidencia del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS, 2025) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2024) demuestra que la actividad física constante reduce hasta en un 30% la incidencia de enfermedades no transmisibles, como la diabetes tipo 2, hipertensión y cardiopatías isquémicas.
En adultos mayores, incluso una rutina de 30 minutos de caminata diaria o ejercicios de bajo impacto puede mejorar la circulación, fortalecer los huesos y mantener niveles saludables de glucosa y colesterol. Asimismo, los resultados de la ENSANUT 2022 confirman que los adultos mayores físicamente activos presentan menores tasas de obesidad abdominal y mayor capacidad funcional comparados con aquellos que llevan una vida sedentaria.
Estas mejoras físicas también se traducen en menor dependencia de medicamentos y en una reducción del gasto sanitario.

Incidencias en la salud mental y emocional
La actividad física también tiene un impacto directo sobre el bienestar emocional y las funciones cognitivas.
Según El País (2025) y el estudio Latam (2023), el ejercicio estimula la liberación de neurotransmisores asociados al placer y la motivación, como la dopamina y la serotonina, lo que ayuda a prevenir la depresión y la ansiedad en la vejez. Además, el ejercicio regular fortalece la reserva cognitiva, mejora la memoria y retrasa el deterioro neuronal asociado a enfermedades como el Alzheimer.
En términos sociales, la actividad física grupal como clases de baile, caminatas comunitarias o yoga para mayores fomenta la interacción social, reduce el aislamiento emocional y refuerza el sentido de pertenencia, elementos clave para mantener una vida plena y activa en la tercera edad.




Barreras y desafíos en México
A pesar de los beneficios comprobados, la práctica de actividad física en adultos mayores mexicanos sigue siendo limitada.
Datos obtenido por el ENSATU en 2006
La encuesta reportó un aumento en los niveles de sobrepeso y obesidad alcanzando el 71.9% de los adultos, resultado de la ingesta de dietas poco saludables en combinación con escasa Actividad Física (AF).
Asociando la información obtenida con los siguientes escenarios:
- Mayor educación formal e ingreso y vivir en zonas urbanas se relacionan positivamente con la probabilidad de realizar AF regularmente y con el tiempo dedicado a la misma.
- Mayor extensión en la jornada laboral, lapsos más amplios de transporte y el contar con pareja sentimental, llevan a una menor demanda de tiempo de AF.
Por otro lado los datos del Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico (MOPRADEF, INEGI, 2024) muestran que más del 60% de las personas mayores de 60 años no realiza ejercicio regularmente.
Entre los principales obstáculos destacan:
- La falta de espacios públicos seguros para la práctica de actividad física.
- La carencia de programas comunitarios especializados en envejecimiento activo.
- La percepción errónea de que el ejercicio puede ser peligroso o innecesario a cierta edad.